jueves, 6 de junio de 2013

A gift ... continuación ...


Supuse que no volvería a verla. Me regocijaba en el recuerdo de su mirada llena de temor, pero aún faltaba algo pues sentía sed, mientras más pasaba el tiempo y menos sabía de su sufrimiento, más sed sentía y eso me volvía cada día más oscura. Podía sentir como el vacío se apoderaba de mi y con ello las ansias de sangre, de su sangre, por lo que volví a aquella torre a esperar pacientemente que se atreviera a regesar, ya sea por nostalgia o por miedo, pero que volviera, y ahí estaría yo, esperando, simple y pacientemente esperando con mi mejor sonrisa o quizá, sin expresión, pero estaría. Sabía que el verla nuevamente podría hacerme dudar, tambalear en mi decisión, pero el daño ya estaba hecho y había elevado una promesa, no a ella, sino al cielo y con eso bastaba para amarrarme eternamente. La haría sufrir, me regocijaría en su dolor, haría que cada pensamiento que pudiera recordarle si quiera un poco a mí, le causara dolor. Haría poco a poco que todo le recordara a mí, desde sus estudios, hasta sus amigos, su familia, su pasado, su presente y su futuro, todo tendría mi nombre y por tanto, todo le dolería.  No porque la matara las ansias de verme, sino todo lo contrario, porque mi nombre significaría su sufrimiento, su miseria, su frustración, su oscuridad, como dije, la haría pagar trozo a trozo cada escondite que de mi destruyó.


Elevé mis manos  formando una w con mi cuerpo y miré las estrellas que aquella noche parecían hablarme. Me decían que estarían conmigo siempre, que serían mis guardianes, que no debía temer, que debía ser fuerte, y así me sentía. Sin dar media vuelta, comencé a hablar - Creí que tardarías más, pero claro, una rata como tú sólo se mueve por el miedo y la incertidumbre -No era necesario que avisara su presencia, simplemente supe cuando llegó aún cuando no hizo el más mínimo ruido - ¿Acaso sientes curiosidad por lo que pueda hacerte o es que vienes a rogarme que te deje tranquila, que olvide todo el asunto? - Mi vos sonaba firme, fuerte, hasta malvada, podía sentir el veneno quemándome la garganta. Di media vuelta y procuré no quitar mi mirada de la suya. Incluso aunque quisiera bajarla, no se lo permitiría. Debía sentir la intensidad de mi odio y la veracidad de mis palabras. Al cabo de un rato, se desplomó en el cielo, su cuerpo temblaba a medio metro de la puerta, de donde no pudo avanzar. No volvió a levantar la vista hasta que me acerqué y con la punta de mi zapato la obligué a hacerlo. -¿Lo sientes? Se llama odio, y es todo para ti. ¿Es eso lo que querías no?, ¿O a caso esperabas que lo dejara ir como si nada hubiera pasado nunca? Si quiera pediste perdón, disculpas, o lo que sea. Si quiera hubo una gota de arrepentimiento en todo este tiempo. Eres una perra y por tanto como un animal vas a pagar. No tendré compasión por ti. Te lo prometí una vez hace algún tiempo y hoy lo vuelvo a hacer. No habrá piedad para ti. Te estrujaré lenta y dolorosamente - su cuerpo había dejado de temblar pero aún bajaba la cabeza en cada intento, hasta que volvía a levantársela con la punta del zapato. Ya aburrida, le solté la cabeza en una sutil pero fuerte patada que la dio vuelta a cuerpo entero, como una cucaracha que cae de espalda y no puede darse vuelta, así estaba. Di media vuelta para volver a la ventana a observar las estrellas, necesitaba fuerza, no podía dejarme vencer nuevamente por su postura de víctima, no más - Lo siento - El murmullo fue tan frágil que apenas fue audible. El cólera comenzó a tomar su posición en mi cuerpo como nunca antes - ¿Lo siento? ¿Lo siento? ¿Qué es lo que sientes? - No gritaba pero parecía como si lo hiciera - Anda, responde - mi vos era cada vez más dura. - Lo siento, no quise herirte, no pensé que fuera tanto - el asunto me causó demasiada gracia, comencé a reír y las carcajadas hacían un eco estruendoso por todo el salón. -"No creí que fuera para tanto" - repetí con vos burlona. - Eres un maldito insecto - mis palabras salieron con la misma intensidad de un escupo en su cara, el mismo efecto. Volví a la ventana a buscar un poco de control - Ese es tu problema ¿sabes?, al parecer no piensas. Es como si no tuvieras cerebro, o quizá si, pero vacío. Lleno de neuronas pero ninguna sinapsis. Es una lástima - Me acerqué nuevamente a su cuerpo el cual ya estaba un poco más incorporado, o sentada al menos, si a eso se le puede llamar así. Al llegar a su lado, una cucaracha pasó cerca de mis pies y no tuve piedad al aplastarla mientras no le quitaba la mirada - Así es como finalmente acabarás, pero antes, me tomaré todo el tiempo del mundo, no desesperes, ya te lo dije una vez, el momento llegará ¿cuándo? no lo sé, aún no lo decido. Un año ha sido suficiente para pensar tantas cosas, pero aún no me he dado el tiempo para pensar en ti, supongo que cuando no tenga nada más en mi cabeza y mi vida sea solo ver televisión y cosas estúpidas, me preocuparé de ti, o quizá antes ¿quién sabe? - caminé hasta la puerta y la abrí un poco más con bastante brutalidad lo que le golpeó la espalda, su grito fue audible en toda la torre, lástima que no hubiera nadie más en ella - Ups! lo siento, no pensé que fuera para tanto - finalicé con tono sarcástico. Salí, cerrando la puerta a mi espalda de un portazo. Quizá nunca volvería, pero había instaurado pánico en ella, y ahora lo sabía. Quizá no era mi fin, pero por el momento, podría vivir con eso.