Supuse que no volvería a verla.
Me regocijaba en el recuerdo de su mirada llena de temor, pero aún faltaba algo
pues sentía sed, mientras más pasaba el tiempo y menos sabía de su sufrimiento,
más sed sentía y eso me volvía cada día más oscura. Podía sentir como el vacío
se apoderaba de mi y con ello las ansias de sangre, de su sangre, por lo que
volví a aquella torre a esperar pacientemente que se atreviera a regesar, ya sea
por nostalgia o por miedo, pero que volviera, y ahí estaría yo, esperando,
simple y pacientemente esperando con mi mejor sonrisa o quizá, sin expresión,
pero estaría. Sabía que el verla nuevamente podría hacerme dudar, tambalear en
mi decisión, pero el daño ya estaba hecho y había elevado una promesa, no a
ella, sino al cielo y con eso bastaba para amarrarme eternamente. La haría
sufrir, me regocijaría en su dolor, haría que cada pensamiento que pudiera
recordarle si quiera un poco a mí, le causara dolor. Haría poco a poco que todo
le recordara a mí, desde sus estudios, hasta sus amigos, su familia, su pasado,
su presente y su futuro, todo tendría mi nombre y por tanto, todo le
dolería. No porque la matara las ansias
de verme, sino todo lo contrario, porque mi nombre significaría su sufrimiento,
su miseria, su frustración, su oscuridad, como dije, la haría pagar trozo a
trozo cada escondite que de mi destruyó.
Elevé mis manos formando una w con mi cuerpo y miré las
estrellas que aquella noche parecían hablarme. Me decían que estarían conmigo
siempre, que serían mis guardianes, que no debía temer, que debía ser fuerte, y
así me sentía. Sin dar media vuelta, comencé a hablar - Creí que tardarías más,
pero claro, una rata como tú sólo se mueve por el miedo y la incertidumbre -No
era necesario que avisara su presencia, simplemente supe cuando llegó aún
cuando no hizo el más mínimo ruido - ¿Acaso sientes curiosidad por lo que pueda
hacerte o es que vienes a rogarme que te deje tranquila, que olvide todo el
asunto? - Mi vos sonaba firme, fuerte, hasta malvada, podía sentir el veneno
quemándome la garganta. Di media vuelta y procuré no quitar mi mirada de la
suya. Incluso aunque quisiera bajarla, no se lo permitiría. Debía sentir la intensidad
de mi odio y la veracidad de mis palabras. Al cabo de un rato, se desplomó en
el cielo, su cuerpo temblaba a medio metro de la puerta, de donde no pudo
avanzar. No volvió a levantar la vista hasta que me acerqué y con la punta de
mi zapato la obligué a hacerlo. -¿Lo sientes? Se llama odio, y es todo para ti.
¿Es eso lo que querías no?, ¿O a caso esperabas que lo dejara ir como si nada
hubiera pasado nunca? Si quiera pediste perdón, disculpas, o lo que sea. Si
quiera hubo una gota de arrepentimiento en todo este tiempo. Eres una perra y
por tanto como un animal vas a pagar. No tendré compasión por ti. Te lo prometí
una vez hace algún tiempo y hoy lo vuelvo a hacer. No habrá piedad para ti. Te
estrujaré lenta y dolorosamente - su cuerpo había dejado de temblar pero aún
bajaba la cabeza en cada intento, hasta que volvía a levantársela con la punta
del zapato. Ya aburrida, le solté la cabeza en una sutil pero fuerte patada que
la dio vuelta a cuerpo entero, como una cucaracha que cae de espalda y no puede
darse vuelta, así estaba. Di media vuelta para volver a la ventana a observar
las estrellas, necesitaba fuerza, no podía dejarme vencer nuevamente por su
postura de víctima, no más - Lo siento - El murmullo fue tan frágil que apenas
fue audible. El cólera comenzó a tomar su posición en mi cuerpo como nunca
antes - ¿Lo siento? ¿Lo siento? ¿Qué es lo que sientes? - No gritaba pero
parecía como si lo hiciera - Anda, responde - mi vos era cada vez más dura. -
Lo siento, no quise herirte, no pensé que fuera tanto - el asunto me causó demasiada
gracia, comencé a reír y las carcajadas hacían un eco estruendoso por todo el
salón. -"No creí que fuera para tanto" - repetí con vos burlona. -
Eres un maldito insecto - mis palabras salieron con la misma intensidad de un
escupo en su cara, el mismo efecto. Volví a la ventana a buscar un poco de
control - Ese es tu problema ¿sabes?, al parecer no piensas. Es como si no
tuvieras cerebro, o quizá si, pero vacío. Lleno de neuronas pero ninguna sinapsis.
Es una lástima - Me acerqué nuevamente a su cuerpo el cual ya estaba un poco
más incorporado, o sentada al menos, si a eso se le puede llamar así. Al llegar
a su lado, una cucaracha pasó cerca de mis pies y no tuve piedad al aplastarla
mientras no le quitaba la mirada - Así es como finalmente acabarás, pero antes,
me tomaré todo el tiempo del mundo, no desesperes, ya te lo dije una vez, el
momento llegará ¿cuándo? no lo sé, aún no lo decido. Un año ha sido suficiente
para pensar tantas cosas, pero aún no me he dado el tiempo para pensar en ti,
supongo que cuando no tenga nada más en mi cabeza y mi vida sea solo ver
televisión y cosas estúpidas, me preocuparé de ti, o quizá antes ¿quién sabe? -
caminé hasta la puerta y la abrí un poco más con bastante brutalidad lo que le
golpeó la espalda, su grito fue audible en toda la torre, lástima que no
hubiera nadie más en ella - Ups! lo siento, no pensé que fuera para tanto -
finalicé con tono sarcástico. Salí, cerrando la puerta a mi espalda de un
portazo. Quizá nunca volvería, pero había instaurado pánico en ella, y ahora lo
sabía. Quizá no era mi fin, pero por el momento, podría vivir con eso.
