Lo que a la vez es una contradicción porque sé que puedo más de lo que yo misma creo, y porque sé que el derrumbarme no me va a destruir, pero, quizá me rehuso a aceptar que otros hagan algo por mi, aunque yo sepa que puedo hacerlo, no solo porque quiero ser útil y quiero que me vean, sino porque en realidad necesito más apoyo del que quiero aceptar, más cariño del que dejo entrar, y más abrazos de los que permito que me den.
Es como si sintiera como un perro callejero, al que le hacen cariño, y se acurruca, pero luego dejan botado. Y sí, es una metáfora un poco dura al compararme yo con un perro callejero que implica desamparado, cosa que no estoy, pero quizá esa es la sensación con la que me he quedado, la sensación que aterra volver a sentir, pero que siento igual porque el ser independiente y super poderosa, solo crea muros, y los muros distancias.