
No lo podía creer ¿Qué me estaba pasando? Auque me avergüence preguntármelo, ¿Estaba acaso necesitada? Era una pregunta que daba vueltas en mi cabeza tras esa noche. Yo definitivamente no era así antes, entonces, ¿Por qué podía pasar por mi cabeza pensamiento tal? Realmente no tenía por qué importarme si ella era su polola o no, si era simpática o no, si era flaca, gorda, fea, bonita, rubia, morena, nada tenía por qué importarme, pero me importaba. No era una importancia que me quitara el sueño, pero ahí estaban los dos, frente a mí, abrazados, en el sillón, y yo, sola. El problema no era que yo estuviera sola, sino que cuando ella se levantó a buscar algo, él no cambió su posición por lo que mi cabeza sin permiso comenzó a crear imágenes de mi cuerpo apoyado en el suyo, mi cabeza apoyada en su pecho y su mano rodeando mi brazo. Era una imagen que me bloqueaba, pero que seguía repitiéndose, y así pasó a lo largo de la noche. ¿Qué podía hacer más que arrancar de ahí mentalmente? Pero no quería, y eso era la peor parte. Antiguamente el que un hombre estuviera comprometido y sobre todo si su polola estaba ahí o yo la conocía, mi cerebro bloqueaba instantáneamente cualquier opción y lo volvía completamente asexuado para mí ¿Qué cambió? ¿Será a caso que mi mente y mis hormonas se cansaron de ponerlos a todos antes que a mí? No era algo de lo que me sintiera orgullosa, pero tampoco algo de lo que me avergonzara en un ciento por ciento ¿Qué hacer? Ya nada, solo esperar que terminara la velada, aunque quería que se quedaran a dormir al igual que yo, algo me decía que se irían pronto, y así, dio una hora elevada de la noche y partieron a su hogar. Salieron todos, él estaba sentado en la escalera y yo esperaba que se fueran todos para poder cerrar la puerta y que no se escapara el gato de mi amiga. Se levantó, caminó hacia la puerta mientras yo miraba al gato e intentaba bloquear su presencia ahí, y luego escuché un “adios” y lo note acercándose, por lo que rápidamente reaccioné, me despedí y mi cabeza volvió a girar creando imágenes e ideas ilógicas, como una extraña atracción entre ambos. No era así, pero ¿Por qué no se paró antes? ¿Por qué esperar a que todos se fueran? ¿Habrá sido a propósito para despedirnos a solas? Claro que no, qué estupideces dices cerebro. Ahora déjalo ir. Olvida sus ojos, olvida su mirada, su forma de hablar y el modo en el que se emocionaba al hablar de alguna nueva serie. El modo en que odiaba a la gente pero sin odiarla, y esa forma peculiar de moverse espiritualmente, aunque suene bastante demente, que te atrajo desde el primer momento. Era una atracción, estaba claro, pero ¿Era a caso por ambas partes o sólo tuya? Realmente ya da igual, pues no lo volverás a ver y todo lo que puedes pensar son simplemente ilusiones, pensamientos irracionales y un buen modo para escribir pero una mala técnica para vivir. Racionalismo al vivir, sentimentalismo al escribir, así eras, y así es como debía ser. Ahora, a olvidar, y seguir.









