«No, no me engaño: leo en sus ojos negros el verdadero interés que le inspiran mi persona y mi suerte. Conozco, y en esto debo creer en mi corazón, que ella... ¡Oh! ¿Podré y me atreveré a expresar en estas palabras la dicha que siento? Conozco que me ama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario