Me desperté acelerada, un poco desesperada, ahogada, y transpirando. Sentía un calor agobiante y una inquietud difícil de explicar. Mi alma estaba en llamas y mi cuerpo sufría por ello. Me destapé con dificultad e intento levantarme para ir al baño por un poco de agua. Al ponerme de pie un poco grogui, siento cómo algo baja por mi nariz. Era sangre, de esos ataques que no paran en harto rato. Miro la hora un poco frustrada y molesta, eran las 4:44 hrs. Recordé inmediatamente a mis arcángeles. Caminé con lentitud hacia el baño a detener la hemorragia. Al rato de unos minutos, cuando vi que el flujo era bastante, me sentí cabreada. Tenía sueño, tenía que trabajar al día siguiente, y simplemente quería tenderme en la cama. En algún momento me dije a mi misma que daba igual si dejaba todo manchado, me iría a acostar, y así fue. De pronto, no se cuanto tiempo pasó, pero la sangre detuvo su flujo y pude regresar a mi habitación. Me lancé en la cama. Ya no sentía tanto calor, así que pude taparme por completo y caí en un profundo pero agitado sueño.
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